
Ameneció nublado, pero nada hacia presagiar la tormenta que se avecinaba.
Emprendió su vuelo al igual que cada amanecer, pero eso día no pudo llegar a su destino. Su cuerpo estaba empapado, tiritaba de frío... Intentaba escapar de aquel refugio obligado que le hacía presagiar lo peor, pero sus alas se habían quedado inmóviles.
Tras varios días de lluvia intensa salió el sol, cálido y luminoso. Sus rayos fueron secando poco a poco todo su cuerpo y haciéndolo entrar en calor. Se sintió cada vez con más fuerzas e intentó mover sus alas. Entonces pensó: esto ha sido un pequeño descanso, unas obligadas vacaciones que me han servido para repostar energía.
Aquella mañana todos lo miedos quedaron atrás, con más fuerza y valor emprendió un nuevo vuelo más alto y alegre. Y al mismo ritmo que sus alas latía su corazón igual de bello y fuerte que siempre.
Ese hermoso vuelo volvió a alegrarme.
Por ti, Carmen, que ese corazón se recupera y lata con más fuerza para que sigas alegrándonos

4 comentarios:
Levo días sin entrar porque veía que no publicabas, entro ahora y qué me encuentro??? un montón de bellos textos, sobre todo este... a veces quiero echar a volar...
Un saludo y gracias :-)
es que el trabajo me ha tenido muy absorvida, sin tiempo para nada, y al llegar casa lo que menos apetece es sentarte delante del ordenador, ya va bien con todo el día.
gracias? por?
Un saludo
Por tus textos :-) que siempre me parecen hermosos y acertados!
toy colora...
más bien tendría yo que darte las gracias a ti por pasarte por este rinconcito.
Un saludo
Publicar un comentario en la entrada