
Cada amanecer emprendía su camino con paso lento pero siempre hacia delante. A sus espaldas cargaba con una pesada mochila, tan llena y a su vez tan vacía.
Cada atardecer, al ponerse el sol en el horizonte, deseaba encontrar ese refugio donde aliviar el cansancio del camino. Recostada al pie de un árbol, lo mejor que pudo encontrar, visualizaba cada momento de esa senda que la había conducido hasta aquel lugar. Analizaba cada piedra, cada bajada y subida, cada recoveco y siempre llegaba a la misma conclusión: el camino de hoy fue igual al de ayer, y el de ayer igual que el del día anterior. Era entonces cuando las dudas la llenaban de miedo y esas preguntas, sin respuestas la atormentaban: ¿estaba perdida? ¿andaba siempre en círculos? ¿no llegaría nunca a ningún lugar? A pesar del cansancio no conseguía conciliar el sueño.
Amaneció un nuevo día. Las nubes se disiparon y el sol despertaba con fuerza iluminando todo aquello que la rodeaba. Con la luz del nuevo día se renovaban sus esperanzas y esos miedos de la noche anterior se escondían en la negra y sucia mochila.
En su camino no se encontraba sola, alimentaba sus ánimos y esperanzas observando todo aquello que encontraba a su alrededor: el canto de un pájaro, el aletear de una paloma, el perfume de una flor…….Pequeñas cosas, tal vez para algunos, pero nunca para ella, A pesar de caminar sola nunca sintió de la soledad, pues hacía de esas cosas, tal vez pequeñas para algunos, compañeros inseparables en ese obligado camino. Se aferraba a ellos con toda su fuerza convirtiéndolos en parte de su vida
Así, un día igual a otro…. Y a cada día el cansancio se hacía mayor ….Aquella mañana comprendió que se había convertido en una simple y vulgar vagabunda, siempre caminando sin tener un lugar a donde ir, soñando con lo que no tendría nunca.
Esa tarde estaba muy cansada, tanto que ya no le encontraba sentido al seguir caminando, ni siquiera sentía la necesidad de sentarse junto al árbol, de siempre, para intentar descansar. Simplemente no quería andar más.
Mientras anochecía algo le llamó la atención, a lo lejos brillaba una luz que no había visto nunca. Le sorprendió su resplandor y se dio cuenta de que nunca había mirado hacia ese lugar. Fue caminando despacio, quizás con miedo, quizás con duda, pero algo le decía que tenía que ir a es lugar.
No se lo podía crear, estaba viendo la casa más bonita que jamás se había imaginado. Se apostó sobre una piedra, ni muy cerca ni muy lejos, a la distancia suficiente para poder observar sin ser vista. Así pasó algún tiempo, conociendo a los habitantes de aquella casa que tanto la había impresionado, pero ya no le sorprendía la belleza de exterior de esa casa, ahora admiraba la belleza interior de sus moradores.
Algo le decía que aquel era el lugar donde podría convertir en realidad todos aquellos sueños que creía imposible. El miedo al rechazo le impedía acercarse, tocar en la puerta y pedir que la dejaran pasar. Y continuó observando hasta que un día alguien dejó una ventana abierta, se acercó a ella tímidamente y con voz temblorosa preguntó si había alguien . El corazón le dio un vuelco cuando escuchó una dulce voz que le decía: pasa, la puerta esta abierta.
Cada atardecer, al ponerse el sol en el horizonte, deseaba encontrar ese refugio donde aliviar el cansancio del camino. Recostada al pie de un árbol, lo mejor que pudo encontrar, visualizaba cada momento de esa senda que la había conducido hasta aquel lugar. Analizaba cada piedra, cada bajada y subida, cada recoveco y siempre llegaba a la misma conclusión: el camino de hoy fue igual al de ayer, y el de ayer igual que el del día anterior. Era entonces cuando las dudas la llenaban de miedo y esas preguntas, sin respuestas la atormentaban: ¿estaba perdida? ¿andaba siempre en círculos? ¿no llegaría nunca a ningún lugar? A pesar del cansancio no conseguía conciliar el sueño.
Amaneció un nuevo día. Las nubes se disiparon y el sol despertaba con fuerza iluminando todo aquello que la rodeaba. Con la luz del nuevo día se renovaban sus esperanzas y esos miedos de la noche anterior se escondían en la negra y sucia mochila.
En su camino no se encontraba sola, alimentaba sus ánimos y esperanzas observando todo aquello que encontraba a su alrededor: el canto de un pájaro, el aletear de una paloma, el perfume de una flor…….Pequeñas cosas, tal vez para algunos, pero nunca para ella, A pesar de caminar sola nunca sintió de la soledad, pues hacía de esas cosas, tal vez pequeñas para algunos, compañeros inseparables en ese obligado camino. Se aferraba a ellos con toda su fuerza convirtiéndolos en parte de su vida
Así, un día igual a otro…. Y a cada día el cansancio se hacía mayor ….Aquella mañana comprendió que se había convertido en una simple y vulgar vagabunda, siempre caminando sin tener un lugar a donde ir, soñando con lo que no tendría nunca.
Esa tarde estaba muy cansada, tanto que ya no le encontraba sentido al seguir caminando, ni siquiera sentía la necesidad de sentarse junto al árbol, de siempre, para intentar descansar. Simplemente no quería andar más.
Mientras anochecía algo le llamó la atención, a lo lejos brillaba una luz que no había visto nunca. Le sorprendió su resplandor y se dio cuenta de que nunca había mirado hacia ese lugar. Fue caminando despacio, quizás con miedo, quizás con duda, pero algo le decía que tenía que ir a es lugar.
No se lo podía crear, estaba viendo la casa más bonita que jamás se había imaginado. Se apostó sobre una piedra, ni muy cerca ni muy lejos, a la distancia suficiente para poder observar sin ser vista. Así pasó algún tiempo, conociendo a los habitantes de aquella casa que tanto la había impresionado, pero ya no le sorprendía la belleza de exterior de esa casa, ahora admiraba la belleza interior de sus moradores.
Algo le decía que aquel era el lugar donde podría convertir en realidad todos aquellos sueños que creía imposible. El miedo al rechazo le impedía acercarse, tocar en la puerta y pedir que la dejaran pasar. Y continuó observando hasta que un día alguien dejó una ventana abierta, se acercó a ella tímidamente y con voz temblorosa preguntó si había alguien . El corazón le dio un vuelco cuando escuchó una dulce voz que le decía: pasa, la puerta esta abierta.
Pobre Vagabunda....

3 comentarios:
Hola MaRa, el relato promete, estaremos al tanto de su continuación, hay una cosa en él que me ha llamado la atención, como acompañan, que importantes son las cosas pequeñas, más que pequeñas las que suceden a cada momento y las tenemos ahí para gozarlas gratuitamente y no hacemos ni caso, quizás sea por eso, porque las tenemos cada día, cada momento, y además no valen dinero, y ya se sabe lo que no vale dinero, no es importante.
"Es bonito tener dinero y cosas que puede comprar el dinero, pero también es bonito tener las cosas que el dinero no puede comprar", eso dijo alguien y pienso que tiene mucha razón.
Un saludo
Mara, esperaremos la continuación...
Yo soy de los que siempre me fijo en las pequeñas cosas, como la vagabunda...
Yo suelo aplicarme eso de "si lloras por no ver el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas".
Para mi "esas cosas pequeñas" son importantes.
Hay continuación, esa historia no acaba ahí...solo falta un poco de tiempo para poder escribir
Un saludo para vosotros Chus y Airnoja
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