
Lo sabía desde hace algún tiempo, era algo inevitable, tarde o temprano tendría que marchar. Pero Marta siempre mantuvo la esperanza de no tener que irse, el jueves ese último hilo de esperanza se partió.
Nada más bajarse del coche se sintió en casa, había pasado varios días fuera y nada más llegar le dijeron que tenía que volver a hacer el equipaje, había llegado el final de una etapa y en varios días habría de empezar una nueva.
Al día siguiente empezaron las despedidas, cada vez que sus ojos se llenaban de lágrimas pensando en todo lo que tendría que dejar atrás, Marta se repetía así misma:”todavía no ha llegado el final, aún me quedan varios días, no puede ser tan rápido, seguro que serán algunos días más". Pero esos días han pasado, ya no queda vuelta atrás, Marta tiene que marchar para no volver justo a los tres años de haber llegado por primera vez.
Recuerda perfectamente aquel día, subió esas escaleras sin saber muy bien a donde iba, llena de miedos causados por su situación anterior. A cada peldaño que subía se repetía constantemente, es solo un trabajo, voy a encontrarme a unos simples compañeros. Pero Marta se volvió a equivocar, esta vez para bien. Allí no encontró un simple trabajo, ni a unos simples trabajadores, en aquella oficina encontró el apoyo, el cariño, que le hicieron superar sus miedos anteriores. Aquellos simples trabajadores se convirtieron en grandes compañeros y algunos de ellos en sus mejores amigos.
Marta recorre en silencio cada una de las oficinas, en ellas aún quedan las mesas de sus compañeros y esas cajas que se amontonan por todas partes. No se ve, pero Marta no deja de percibirlo, esa sensación de calor, de calor humano, del calor que durante tres años ella ha recibido de los que allí han estado junto a ella.
Le parece increíble pero ya han pasado tres años, en su memoria se agolpan tantos recuerdos. Vivieron momentos de tensión, llegaron a discutir en numerosas ocasiones, pero todos esos momentos fueron superados y siempre venció la amistad, el compañerismo, el respeto, siempre se terminó esbozando una sonrisa.
Llegó la hora, Marta baja las mismas escaleras que ha subido durante tres años, las mismas que no volverá a subir. ¡Su vida ha cambiado tanto! No es la misma, para bien.
Mañana llegará el camión de la mudanza, cargaran todos esos paquetes y ya no quedará nada. Pero hay una caja que no subirá a ese camión, la caja donde Marta guarda todos sus recuerdos, esa caja siempre va con ella.
Al amanecer emprenderá ese nuevo viaje, no va sola, lo hace con los compañeros que tan importantes han sido para ella, esos compañeros que han llegado a ser como su propia familia, esos compañeros que no solo lo han sido en la oficina sino que lo han sido en su vida, en momentos alegres y aún más en esos difíciles y duros momentos que le tocó vivir.




