Me gusta oir

Algo más que simples palabras

El momento en el que el esclavo decide que ya no va a ser esclavo, sus cadenas se caen al suelo. Se libera y demuestra cómo hacerlo a los demás. La libertad y la esclavitud son estados mentales
"Mahatma Gandhi"

jueves 30 de agosto de 2007

El amor brujo - Manuel de Falla

Mi gran pasión, el baile y la danza flamenca

miércoles 29 de agosto de 2007

El Sueño De Morfeo- Esta soy yo

Creo en ti amigo

Un amigo es el que dice la verdad aunque duela
un amigo nunca dirá la mentira que daña

CREO EN TI AMIGO

Creo en tu sonrisa
ventana abierta de tu ser
Creo en tu mirada
espejo de tu honestidad

Creo en tus lagrimas
signo del compartir alegrías o tristezas...

Creo en tu mano
siempre extendida para dar o recibir

Creo en tu abrazo
acogida sincerade tu corazón

Creo en tu palabra
expresión de lo que quieres y esperas

CREO en ti AMIGO, asi, simplemente

martes 28 de agosto de 2007

Color esperanza


Sé que hay en tus ojos con solo mirar

que estas cansado de andar y de andar

y caminar girando siempre en un lugar


Sé que las ventanas se pueden abrir

cambiar el aire depende de ti

te ayudara vale la pena una vez más


Saber que se puede querer que se pueda

quitarse los miedos sacarlos afuera

pintarse la cara color esperanza

tentar al futuro con el corazón


Es mejor perderse que nunca embarcar

mejor tentarse a dejar de intentar

aunque ya ves que no es tan fácil empezar


Sé que lo imposible se puede lograr

que la tristeza algún día se irá

y así será la vida cambia y cambiará


Sentirás que el alma vuela

por cantar una vez más


Vale más poder brillar

que solo buscar ver el sol

lunes 27 de agosto de 2007

Pensamientos ocultos en una mañana lluviosa

Reflexiones, pensamientos, sentimientos salpicados por gotas de lluvia y mojados por lágrimas que salen del corazón


Tras el cristal Marta miraba fijamente como caía la lluvia o eso era lo que podían pensar aquellos que la vieran. Marta, en realidad, tenía la mirada perdida, estaba absorta en sus pensamientos.

Esa mañana de verano amaneció nublada, amenazaba tormenta. Marta estaba en casa de Morís cuando comenzó a llover, por su lesión no se podía marchar caminando bajo la lluvia así que decidió esperar a que pasara aquella tormenta de verano.

Aquella mañana el ambiente, al igual que el día anterior, en casa de Morís era tenso, se podía cortar, la hacía sentir incómoda y notaba que su presencia en aquella casa no era agradable para Morís. Marta no entendía aquella actitud, aquellos silencios, ese tono en el que eran contestadas sus preguntas. No conseguía entender a Morís, ¿tendría algún problema? ¿sería el problema ella? Deseaba acercarse a él y preguntarle, sentarse a conversar pero él no paraba de ir de un lado a otro, casi como si quisiera evitarla, como si quisiera demostrarle que allí estaba de más.

La lluvia no paraba y ella tendría que quedarse, ¿y si no dejaba de llover? ¿y si la lluvia continuaba cuando Morís se marchara? No le podía decir que la acompañara a casa, mucho menos si se podía quedar con él hasta que la tormenta pasara. Deseó con todo su corazón que la tormenta pasara y poder marcharse de allí.

Algo le decía que con aquella actitud Morís quería demostrarle lo que no había sido capaz de decirle con palabras: “Pasa de mi, me tienes cansado. Resultas pesada con tantas llamadas, con tantas ganas de hablar. Quiero que te olvides de mí”. Estos comentarios lo había escuchado Marta no de boca de Morís sino de un amigo de él que en varias ocasiones y con insistencia le repetía: “Déjalo en paz, él no quiere ser tu amigo, le molestas. Si no te ha mandado de paseo es porque teme perder a esa amiga que tenéis en común”. Ella siempre ignoró estos comentarios, Morís era su amigo y confiaba en que si fuera verdad él se lo habría dicho. Pero la actitud que Morís adoptaba últimamente con ella la llevaban a dudar ¿y si fueran verdad aquellos comentarios?

En estos pensamientos estaba absorta Marta mientras, supuestamente, miraba la lluvia a través de los cristales. De pronto sintió la necesidad de hablar de esas dudas pero cuando se volvió y lo miró recordó aquellas ocasiones en las que se lo había encontrado, acompañado de sus amigos, aquellas ocasiones en las que él simulaba no verla para así evitar un saludo. No había duda, para Morís ella no era una amiga solo era un incordio.

Marta encendió un cigarrillo y con la excusa de fumar, en casa de Morís no se fumaba, se salió a la puerta. La lluvia salpicaba su cara y las gotas que la mojaban se confundían con las lágrimas que rodaban por su cara. Marta lloraba mientras recordaba los buenos momentos que había pasado en casa de Morís pero sobretodo lo buenos momentos que había pasado junto a él a quien había sentido como un verdadero amigo.

Fueron muchas las ocasiones, por diversos motivos, en las que ella había visitado esa casa y en cada una de ellas se había sentido a gusto, tanto que ya la sentía casi como suya. Durante estas visitas Marta fue conociendo a Morís, en realidad se conocían desde hacía mucho tiempo, pero solo eran conocidos. Mientras más lo conocía más le gustaba hablar con él, quería poder contar con la amistad de una persona con un corazón tan grande y tan noble,con una persona llena de buenos sentimientos como siempre ha sido Morís, Marta deseaba ser su amiga. Y así se lo hizo saber algo que al parecer a él también le agradaba. Pasaron los días y cada vez las conversaciones eran más largas, cada vez había más confianza entre ellos. Marta sentía tanta confianza en él, le hablaba de sus miedos, de sus deseos, de esperanzas le contaba de sus problemas y Morís siempre estaba ahí para escucharla, para comprenderla, para animarla……Morís y Marta eran amigos, al menos así lo sentía Marta.

Pero de repente todo cambió, se notaba un alejamiento por parte de Morís que era evidente. Ya no había tanta complicidad, ya no había tanta confianza, ya apenas hablaban….., sentía que se acaba….Marta comprendió que su corazón la había traicionado, se había enamorado de Morís. Para ella fue duro reconocerlo pero supo aceptar que entre ellos nunca podría haber nada más que no fuera amistad. Morís nunca se podría enamorar de ella, había un abismo que los separaba. Lo aceptó y decidió quererlo en silencio pero dispuesta a no perder una amistad que hasta ese día había sido verdadera y sincera.

Por segunda vez Marta se fue hacia Morís, tenía que hablar con él no se resignaba a perder a un gran amigo pero cuando se acercó sintió miedo, en su cabeza resonaban aquellas palabras “MOLESTAS” y solo acertó a decir que se iba a sentar. Lo hizo en un rincón donde no podía ser vista, no quería que la vieran llorar. Sus lagrimas no eran por ese sentimiento que nunca vería la luz, sus lágrimas eran por ese AMIGO que sentía perder.

Y llegó la hora, Morís dijo que se marchaba y por fin había dejado de llover. Al salir Marta sintió que se alejaba, no de aquella casa sino que se alejaba de Morís. A cada paso que daba sentía que se le partía una y otra vez el corazón pues mientras más se alejaba notaba como se iba rompiendo ese lazo que les unía, ese lazo al que ella llamaba AMISTAD.
Ante todo y pese a todo, Marta sigue deseando esa buena, sincera y valorada amistad.